Perros Criollos

  Prof. Esteban Casas

estebancasas@gmail.com

 

Introducción: Un hijo con preguntas; un padre con respuestas

            Un hijo le preguntó a su padre; ¿Por qué existen perros cimarrones?... ¿Por qué los perros aúllan?... ¿Por qué hay algunos que muerden a los niños?... ¿Por qué existen otros que esconden sus rabos entre las patas?... ¿Por qué?...

            El padre pensó unos instantes…, miró a su hijo; y, mientras le cambiaba la yerba al mate, le contestó: “Oiga, mire, vea… M´ hijo!!!...; es una historia larga, triste y amarga que ocurrió en nuestro país”. Mientras el niño escuchaba sorprendido, el padre empezó a relatarle la presente fábula con lujo de detalles.

Primera Parte: El padre de la criatura

            Un tal Doctor en Leyes, alias “El Chimango”, era chacarero de la Pampa “gringa” (1). Nieto de “rusos”, hijo de productores agropecuarios fundidos por el “Rodrigazo” (2) y usurero. Se volcó a esta última actividad en los ´70. Años más tarde, “la Tablita” (3) y las inundaciones lo hicieron endeudar y como salida a la crisis arrendó su campo. Una vez instalado en el pueblo comenzó a “timbear” (4) financieramente sus exiguos ahorros. En breve le agarró la mano al difícil arte de hacer plata fácil; máxime, si no se arriesga demasiado. Con sus ahorros buscó emprender criaderos de coipos y chinchillas; pero no se animó. Después de varias idas y venidas, emprendió el mismo mal que había “quebrado” a sus padres. La usura y la especulación lo tentaban más de la cuenta. Fue así como, una vez radicado en el pueblo, comenzó su actividad financiera. Los préstamos comenzaron a fluir. Por aquel entonces, varios chacareros recurrían a sus accesibles créditos. Todo marchó viento en popa hasta que se avecinó otra de las tantas crisis económicas que tanto sacuden la Pampa. Como cláusula contractual de salvaguarda, el hábil “chimango”, ataba la tasa de interés de los créditos otorgados a la inflación de precios de consumo masivo. Completaban sus destrezas mercantiles una aguda oratoria, un asombroso oportunismo y unos “contactos” con las fuerzas del orden. Además, era tan abusiva su estrategia para asegurarse el retorno de sus préstamos que por momentos deseaba contextos hiperinflacionarios para cobrar empréstitos que en sus orígenes eran ínfimos pero que indexados alcanzaban cifras astronómicas.

            Un día, recibió en su estudio una misiva de un productor agropecuario que se negaba a continuar pagando una deuda contraída tiempo atrás por considerarla injusta. Como era de esperar, la cólera lo invadió y en una acción desesperante tipeó con su máquina de escribir la siguiente esquela “Intímole término 24 horas abonar en mi Estudio, pesos OCHOCIENTOS ($800) importe cuotas adeudadas crédito. Apercibimiento promover juicio de expropiación y cobro de préstamos”. Sin más, para cuando la carta llegó a destino, el productor agropecuario no se encontraba en su chacra. Unas changas lo habían alejado transitoriamente de su rancho. Días después, el Dr., comenzó a frecuentar las cercanías de la vivienda de su insolvente; y al no ver movimiento en ella, imaginó un abandono del hogar por parte de su deudor.

            El “Chimango”,  se acercó a la tranquera, gritó a viva voz “Ave María Purísima”, al no escuchar respuesta alguna aplaudió hasta que sus palmas se enrojecieron, cruzó por entre los alambres y violentó el cerrojo. Puso en marcha su chata, la entró de culote, y sin perder tiempo, la comenzó a cargar con todo aquello de valor que encontraba a su paso. En retirada, cuando ya no tenía espacio alguno en su rastrojera ni para meter un alfiler, le sale a tarasquear los garrones un perro de tamaño mediano, color pardo oscuro, de ojos negros y pelaje brilloso. El ruso, enceguecido y no conforme con el botín cargado en su camionetita, agarró al perro del cogote y lo lanzó en la parte más alta del cargamento.

            Una vez en su chacra, el “chimango” decide descargar su pillaje en un sucio y oscuro galpón. El perro fue engrillado al único tirante más o menos firme que tenía el tinglado.

            Durante toda la noche, el perro no dejó de ladrar, de aullar, de intentar fugarse. La vieja estructura del tinglado se zarandeaba por la fuerza del tironeo del can que insistía en deshacerse de su encadeno. Mientras la noche entraba en su fase final, la furia del cautivo llegaba a su punto culmine; a todo esto, el carcelero, con intolerancia al palo, decide ir por el rehén para castigarlo a mansalva. En el preciso instante en el que “el ruso” abre la puerta del galpón, el perro logró zafar de los fierros que los retenían; y,  enfrentándolo con una mirada desorbitada y babeando le increpa a su raptor en los siguientes términos: “hacete a un lao gringo porfiao; si no querés que te ensarte mis colmillos en tu cogote”. El chantajista, quedó perplejo por las escenas percibidas. Mientras el perro se daba a la fuga el estafador visualizaba su próximo negocio; la cría y comercialización de perros criollos.

            Si una situación imprevista le abrió los ojos de su nuevo negocio; una detallada premeditación le permitió llevar a cabo su emprendimiento. Durante meses diseñó el plan de negocios. Durante años lo llevó a cabo.

            Aproximadamente, por espacio de una década, estuvo el Dr. viajando hasta el último rincón de la Pampa en busca de los prototipos de perros criollos que el consideraba excelentes para construir el espécimen ideal. Hasta ya había pensado el nombre científico “canis terrificus pampeanis” con esta taxonomía buscaba sentar e identificar científicamente las bases de un “pan pampeanismo biológico” cuyos representantes más emblemáticos sería esta raza de perros criollos temperamentales, asesinos y hostiles.

 Segunda Parte: Los Reinos Caninos

            Todo se dio según lo planeado. Después de hacer unos extraños cálculos estadísticos, el doctorcito proyectó el nacimiento del arquetipo para una fría mañana invernal. La madre parió seis cachorros. De todos ellos, sólo sobrevivió uno; los restantes cinco “desaparecieron”. Al término de ocho meses de encierro en el galpón, el Dr. ingresó sigilosamente y su criatura sin vacilar le hincó certeramente sus caninos en la yugular. Sus últimas palabras fueron… “Será Justicia”.

            Una vez alcanzada la libertad, la criatura engendrada por “el Chimango” huye hacia el norte. Y allí se  radica. Al tiempo funda en las tierras coloradas y cálidas del norte la dinastía de los Yagua (5). A su reino se lo conocerá como el Yagua ´n retá. Y él, será conocido como el Yaguá ´i ñaroverá. Sin perder tiempo comienza a organizar y a ejecutar la más despiadada violación de perras campestres y domésticas para perpetuar su linaje.

            Mientras tanto, la madre del perro asesino logra escaparse con sus últimas fuerzas del galpón, consiguiendo llegar hasta la ruta más cercana. Una vez allí camina varios kilómetros hasta que en una pulpería es levantada por una pareja de ancianos que se dirigía hacia el norte. Aproximadamente, en las cercanías del Río Salado, la perra comenzó a regurgitar por el apunamiento; esto provocó el enojo de los viejitos que decidieron lanzarla a la vera del camino. Vagó durante días en un terreno que le era inhóspito; hasta que en un descuido es sorprendida por una jauría de perros salvajes y es brutalmente violada. Al poco tiempo, ocho cachorros lograron nacer de una madre que muere en el parto por los desgarros provocado por el tamaño de las bestias.

            Estos ocho overos retoños, inexplicablemente sobreviven y alcanzan su estado adulto. Desde pequeños se organizaron en una exitosa perrería. Pero, la falta de madre los marcó de por vida. El resentimiento y la violencia estaban latentes en ellos; sólo restaba la aparición de un líder natural que encauce sus energías. De hecho así ocurrió. Ashcko Zupay (6) era uno de los ocho hermanos; el séptimo siguiendo el orden de la cigüeña. Su despiadada agresividad lo hacía temible en sus tierras y en chacras vecinas. En poco tiempo logró organizar el Ashckogasta. Este reino canino situado al norte de la llanura pampeana estaba dividido entre sus hermanos a modo de feudos. La paz del reino estaba garantizada por el terror.

            Por otro lado, al sur, el perro del productor agropecuario, al que se lo acusaba de deudor, echa raíces en sus nuevos pagos y después de mucho negociar con las distintas parcialidades logra unificar el reino de los Trewacurá (7). Ya cansado y golpeado por la vida, este Gran Trewa se resistió a liderar el flamante dominio. La virtual acefalía duró poco tiempo porque las noticias del norte harían que el viejo perro asuma la conducción del gobierno.

            Finalmente, en la Reina del Plata, vagaban por las calles los llamados Cuscos (8). Estos canes estaban fuertemente domesticados. Su vida transcurría entre las correrías nocturnas, la fiaca y algún que otro ladrido para impresionar a sus amos. Eran numerosos, mansos y tranquilos. No estaban organizados. Cada uno defendía su pequeña quinta (9).

 Tercera Parte: La Expansión y la Conquista

            Los reinos caninos del norte se unen para conquistar el sur. La meta era simple; hacer caer la Capital de las Provincias Unidas del Río de la Plata para organizar luego la Conquista del Desierto. Y así fue; en parte. Pero para llegar a la morada de los Trewacurá era necesario reorganizarse y avanzar, al menos, con una línea de “frontera”. Mientras tanto los arribeños (10) seguían con su eficaz estrategia: morder niños, violar perras y despedazar a los perros machos de otras etnias.

            Entre tanto caos ocurre algo de consecuencias inesperadas. Un Yaguá le muerde el trasero a un pibe que circulaba en bicicleta y éste llorando logra llegar a su casa. Su perra, al verlo afligido emprende una corrida hacia el único bastión que aún no había caído en manos de la Alianza; Lihué Calel. Una vez en la “Sierra de la Vida” se encuentra con el Gran Trewa. Éste, ya al tanto de lo ocurrido, reflexiona, evalúa fuerzas y medita su plan para reconquistar los territorios perdidos.

            El plan era el siguiente. Ganar tiempo negociando para salvar las hembras Trewa, lograr unirse con los enemigos de la Alianza, o sea, los Cuscos; y prepararse para pelear grandes batallas en los lugares más desolados de la Pampa

            En primer término, envía tres emisarios. Uno, para negociar con la Alianza norteña. Otro, para intrigar a propios y extraños. Finalmente, un tercero, para negociar con los Cuscos.

            El plan parecía accesible; pero difícil de llevar a cabo. El Gran Trewa sabía que los Norteños no negociarían. Buscando ganar tiempo con sus intrigar logra enviar a “sus” hembras hacia el oeste y resguardarlas del una violación en masa. Confiaba ciegamente en su estrategia de solicitarles ayuda a los Cuscos; y de ser necesario a los humanos, para derrotar a sus enemigos que ya habían sitiado a la vulnerable Reina del Plata.

            A todo esto, la naturaleza no ayudaba. Faltaban cinco años para la próxima sequía y hacía otro tanto que las inundaciones periódicas de la Pampa ya habían ocurrido. Con este escenario adverso debía decidir los pasos a seguir.

            Al poco tiempo llegan los dos emisarios. El primero trae las ya sospechadas noticias de la negativa de negociar. Los Yaguá y los Ashcko pretendían restaurar una casta de perros cazadores y salvajes como antaño, que compitan con los hombres por los recursos vitales. El segundo, trae noticias un poco más alentadoras; a saber: los porteños no veían con buenos ojos el plan de lucha pero después de presenciar las atrocidades de los invasores apoyarían.

            Mientras una fracción de los Trewacurá, los más veloces y ágiles, se dirigieron hacia el norte para desorientar a los Norteños. Las hembras continuaron su fuga hacia el oeste.

            Cuarta Parte: La Cruzada Final

            Finamente, el Gran Trewa abandonó Lihue Calel. Sabía que al hacerlo su salud se deterioraría aún más. Y así ocurrió. Luego se despedirse de su terruño se dirigió a la Gran Meseta del Somuncurá. La tuberculosis lo desangraba por dentro.

            Antes de abandonar su patria consulta a la Machi (11) de su pueblo. Ésta entra en trance y sólo pronuncia esta frase… “en el fondo del mar (12) las maldades combatirán por peleas pasadas”. El Gran Trewa, por momentos, no podía descifrar el mensaje. Con un poco de aloja de algarrobo fermentada logra recordar un viejo litigio que habían mantenido antiguamente Añá (13) con Gualicho (14) por unas tierras mapuches que los Querandíes habían invadido asistidos por el primero con el consentimiento de Zupay. Pero, al Gran Trewa, sólo le restaba descifrar el lugar de la batalla final.

            Bajo esta mezcla rara de certezas e incertidumbres, el caudillo sureño decide hacer atravesar al grueso de la columna de la Alianza por las Encadenadas (15), por las Auca Mahuidas (16) y, de no recibir una señal o interpretar el mensaje de la Machi, franquear la mortal Meseta del Somuncurá (17) con rumbo sur desconocido.

            Mientras tanto, los Cuscos porteños tenían listo su mortal sebo; carne picada mezclada con vidrios de lamparitas molidas. Para esto, habían mangueado carne en los mataderos de Barracas al Sur y se habían afanado unos cuantos foquitos del alumbrado público para triturar y preparar el mortal señuelo. Encolumnados, cruzaron el Riachuelo con los boteros (18) y encararon hacia el sudoeste. Detrás de ellos, como pisándoles los talones, se acercaban las filas de la Alianza Norteña.

            Las hembras Trewa, mientras tanto, se refugiaron en los bosques de caldén al poniente. Los machos más veloces y ágiles de los Trewa, lograron en su incursión al norte atraer una fracción de Yagua del flanco occidental de la avanzada norteña.

            Los Cuscos porteños, continuaron su marcha. Los que encabezaban la fila veían los caranchos sobrevolar la cola de la hilera. Los fatigados sabían que al detenerse su suerte estaba echada. Los capturados eran concientes que no podían recibir ayuda. A los cazados les quedaba el consuelo que su muerte no fue en vano. Sea como sea, los caídos eran alimentos de la hambrienta dupla YaguáAshcko.

            Fueron pasando los días y la matanza no cedía. Moscas por doquier como si fuesen nubes negras, olores pestilentes, chimangos y caranchos carroñando, entre otras escenas que producen escalofríos describir;  fueron imágenes de aquella masacre.

            El mortal cebo era efectivo. En ambos frentes había bajas. Al llegar a las Encadenadas una incursión de Trewa cubren a los Cuscos sobrevivientes de la travesía y los refugian en los montes de algarrobo, para después de un tiempo, regresarlos a sus pagos.

            Una vez dejada de lado la depresión de las Encadenadas, los Trewa lideran el frente de avance hacia las Auca Mahuidas. Allí, la geografía escarpada se encargaría de “quebrar” las frágiles y cansadas patas de los Yagua y de los Ashcko.

            A todo esto, los caranchos y los chimangos seguían revoloteando esperando su momento para aterrizar. Las bajas norteñas eran preocupantes; pero la sed de sangre de éstos era mayor.

            Los Trewa reciben el mandato de su líder de continuar la marcha hacia el sur. El conductor, ya en la Meseta del Somuncurá recuerda las palabras de la Machi y, le ordena a su gente ingresar en los Bajos del Gualicho. Una vez allí, debían adentrarse en las salinas, resistir y abandonarlas cuando sople el primer Pampero Sucio (19). Y así fue.

            En una fresca mañana los Yagua y los Ashcko despertaron. La tormenta de polvo había pasado. Se encontraron con los Trewa a corta distancia. Enceguecidos por el reflejo del sol que rebotaba en las cristalinas sales, corrieron para alcanzarlos; pero las imágenes de éstos se les alejaban aún más. Cuando se les venía la noche se dieron cuenta de la coartada; pero ya era tarde. Los espejismos los habían adentrado en lo más profundo de las salinas. Ya sin fuerzas, con hambre y desorientados comienzan las peleas internas y los reproches. Al caer el sol, el Gualicho se hace presente y el miedo provocado termina con casi todos los invasores. Unos pocos logran sobrevivir y regresar a la Pampa. Añá, había perdido de visitante. El Gualicho, había recuperado su gloria, y para recordarlo, renombró el lugar de la batalla final como los “Bajos del Gualicho”.

            Triste triunfo de los Trewa y de los Cuscos. Los primeros no pudieron festejar con su Jefe. La tuberculosis se lo “comió” por dentro. Sólo pudieron repatriar su cuerpo a las Sierras de Lihué Calel y despedirlo como se despide a un grande.

            Los Cuscos llegaron muy mal heridos a sus hogares. Muchos humanos les perdonaron su infidelidad y con el tiempo se reconciliaron con ellos.

            Los Yagua y los Ashcko que lograron sobrevivir se dispersaron en la inmensidad de la Pampa y se mezclaron, con el paso del tiempo, con otros perros.

             Parte Final: Las Consecuencias

            Así es la cosa; m´hijo !!!… exclamó el padre…

            Así es como se explica el llanto de muchos perros. Es el dolor por la pérdida del Gran Trewa. Muchos perros siguen recordando al gran estratega mapuche que salvó la estirpe canina y murió fuera de su tierra.

             Además, así se entiende porqué aún persisten perros que muerden a los niños. Son los sucesores de los Yaguá y de los Ashcko; sus genes siguen presentes en la Pampa esperando que se den las condiciones para retornar. Es por esto que como medida preventiva, los hombres de campo acostumbran a sacrificar aquellos perros que lastiman a los niños.

             También, están los que aúllan; a éstos se les sigue apareciendo el Gualicho para atormentarlos por las macanas que cometieron sus ancestros.

             Finalmente, los descendientes de los “desertores” se los puede reconocer porque caminan con el rabo entre las patas o bien porque vagan por la Pampa sin rumbo. Esta fue la suerte del linaje de una fracción de los Cuscos miedosos que no se animaron a luchar contra los arribeños. Hoy en día se los conoce despectivamente como perros cimarrones. Pero no podemos, despedirnos de esta fábula, sin mencionar la heroica labor de muchísimos Cuscos, que ofrecieron su vida por la Paz de la Pampa.

 REFERENCIAS

(1)   Pampa Gringa: Corresponde a una fracción de la Pampa Argentina caracterizada por una fuerte inmigración italiana. Antiguamente, podía situársela en el centro sur de la Provincia de Santa Fé; actualmente, las migraciones internas, han hecho que esta porción pierda tales particularidades.

(2)   Rodrigazo: Es un argentinismo. Se lo utilizó para nombrar y recordar una fuerte devaluación de la moneda argentina ocurrida (sorpresivamente para la mayoría de los ciudadanos) a fines de lo ’60. Esta brusca pérdida del valor de la divisa argentina provocó muchos quebrantos en el aparato productivo del país.

(3)   La Tablita: También fue una devaluación de la moneda argentina; pero a diferencia de la anterior, se buscó cierta gradualidad en la pérdida de valor. Esta gradualidad estaba tipificada en una escala conocida con el nombra de “la Tablita”.

(4)   Timbear: En este caso hacemos referencia a la especulación financiera ocurrida en los últimos años la década del ´70 y en los primeros años de la década de los ’80. El rol del Estado en este “juego” es muy interesante tenerlo bien presente; dado que, en última instancia era como el garante o la banca que respaldaba a privilegiados perdedores.

(5)   Yagua: En Guaraní (lengua vernácula del noreste argentino); significa “perro”. Yagua ´n retá: País del Perro. Yaguá ´i ñaroverá: Su traducción literal sería “el más malo de los perros”.

(6)   Ashcko: del Quechua (lengua autóctona del noroeste argentino); Perro. Ashcko Zupay: su traducción literal sería “perro malo”. Ashckogasta: El pueblo o país de los perros

(7)   Trewacurá: Trewa en mapuche (lengua nativa de la Patagonia y Pampa argentina); perro. Trewacurá: Dinastía o cacicazgos de los Perros.

(8)   Cuscos: argentinismo rioplatense utilizado para denominar a los perros.

(9)   Quinta: en este caso está utilizado como “pequeña porción de territorio con intereses concretos a proteger”.

(10)   Arribeños: Antigua denominación que se les daba a los habitantes del noroeste argentino, principalmente en tiempos de la colonia.

(11)   Machi: Mujeres mapuches encargadas de vincular el mundo natural con el mundo supranatural. Podría explicarse su función como guías espirituales, intérpretes, asesoras etc.

(12)   Fondo del Mar: Es otra manera de nombrar a los Bajos del Gualicho. En rigor, esta depresión geológica, era antiguamente un mar interior y cerrado que por los ascensos geológicos de la meseta Patagónica quedó atrapado entre mesetas y luego se secó.

(13)   Añá: en la Cosmovisión Guaraní corresponde al Mal; sean éstos, fuerzas o espíritus.

(14)   Gualicho: en la Cosmovisión Mapuche corresponde al Mal; sean éstos, fuerzas o espíritus.

(15)   Encadenadas: Gran depresión geológica ubicada en el Sudoeste de la Provincia de Buenos Aires. Se caracteriza por contar con una serie de lagunas en las partes más bajas de la depresión que, cuando ocurren períodos de exceso hídrico (inundaciones), se unen unas con otras.

(16)   Auca Mahuidas: del araucano cerro rebelde o invencible; ubicados en el este-sudeste de la Provincia de La Pampa.

(17)   Meseta del Somuncurá: Gran meseta ubicada en el centro de la provincia de Río Negro. Se caracteriza por lo peligroso de su paisaje. Sólo los baqueanos pueden desenvolverse fácilmente en esta meseta.

(18)   Boteros: Antiguo oficio de cruzar en bote a personas y cosas de ribera a ribera en el Riachuelo.

(19)   Pampero Sucio: Es un viento frío y seco que sopla en la Patagonia y en la Pampa. Existen varios tipos de Pamperos. El pampero sucio se caracteriza por soplar a baja altura, casi al ras del suelo, lo que provoca polvaredas.

 

PROF. ESTEBAN CASAS.
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